Enric Madriguera, el olvidado embajador musical de las Américas

  • Posted on: 27 September 2018
  • By: admin

Xavier Cugat popularizó todas las melodías provenientes de Cuba y de Latinoamérica, adaptándolas al lenguaje de las grandes bandas americanas. Esta aportación ha quedado marcada en la historia y es reconocida en todos los manuales. Pero al lado de Cugat, hay otro catalán que fue una figura capital en la introducción de los ritmos cubanos y latinoamericanos en Estados Unidos. Este catalán se llamaba Enric Madriguera (1904-1973), un gran desconocido para el gran público pero con una huella enorme. La diferencia entre Madriguera y Cugat es que el segundo siempre cuidó su imagen. Mantuvo en todo momento su leyenda, a veces con algunas inexactitudes y errores en la biografía que habría corregir. Los dos tienen coincidencias: eran grandes violinistas y siempre firmaron sus obras con su nombre en catalán. Enric Madriguera estudió en el Conservatorio del Liceo donde recibió clases y la tutela de Joan Manén. Como niño prodigio destacó y se instaló con su familia en Estados Unidos, concretamente en Nueva York. Precisamente en la gran ciudad y gracias a la amistad entre las familias Nin y Madriguera él y su familia compartieron vivienda con Anaïs Nin (En los Diarios de Anaïs Nin sale mencionado Madriguera). Enric fue becado y pudo estudiar con los más prestigiosos maestros de violín como Leopold Auer o Efrem Zimbalist.

Enric Madriguera Orchestra. Columbia Records

Un problema con un dedo de la mano le obligó a dejar el violín. A raíz de este hecho se dedicó a la composición y la dirección artística. Trabajando en Colombia descubrió la música de baile, con especial atención a los ritmos latinos y cubanos. En Cuba fue el director de la Orquesta del Casino de la Habana. A finales de los años veinte decidió volver a Nueva York donde fundó su propia orquesta: Enric Madriguera and his Orchestra. Madriguera fue un personaje capital en dar a conocer en Estados Unidos las músicas latinas y cubanas, adaptando ritmos como la rumba, el tango, la conga o el danzón para hacerlos cercanos al estilo de música americana de la época. Este hecho le provocó prestigio y mucha popularidad. Fue director musical de Columbia Records y otros sellos en la linia de la nueva música latina. Con su orquesta fue un habitual en programas radiofónicos de la CBS y la NBC. También intervino en películas como The thrill of Brazil (1946) de S. Sylvan Simon.
A diferencia de Cugat, que sólo adaptaba grandes temas fueran de donde fueran al ritmo latino, Madriguera fue un gran compositor de canciones. Escribió piezas propias con mucho éxito. Entre sus bailables encontramos "Forbidden love", "The Cuban Yodel", "The mambo Craze" o "Flowers of Spain" u otros que recuerdan sus orígenes: "Barcelona" o "Costa Brava". Pero el gran éxito de Madriguera fue la canción "Adiós", una pieza que se editó en 1931 con letra de Eddie Woods. El tema, a ritmo de fox-trot y rumba, pero con influencias del cha-cha-cha fue una de las canciones del año. Recibió numerosos galardones, como el de Most famous song. La versión en inglés de la canción la cantó Smith Ballew, que años más tarde se convertiría en uno de los primeros cantantes cowboys de la gran pantalla. La versión castellana la cantó Guty Cárdenas, el cantante, guitarrista y compositor mexicano conocido por ser el gran representante de la denominada Trova Yucateca. Haciendo un paréntesis, apuntar que Cardenas murió poco tiempo después de grabar "Adiós" a consecuencia de una bala que le disparó un asturiano. Hay varias teorías sobre esta muerte tan trágica, quizás la más novelesca, es que todo ocurrió después de que el asturiano oscuchara cantar con pasión un corrido de Cárdenas que llevaba por título "La república en España" en el que celebraba el final de la monarquía española.
Desde un primer momento orquestas como la de Glenn Miller se apresuraron a incluir "Adiós" en su repertorio y hasta hoy ha sido interpretada y adaptada en múltiples grabaciones y películas, convirtiéndose en un clásico. En la década de los cincuenta, la llegada del rock & roll fue un golpe muy duro para Madriguera y todos los que como él cultivaban la música para gran orquesta. Con los nuevos tiempos, la etapa de las grandes orquestas ya había pasado de moda. La juventud, conjuntos mucho más pequeños y el ruido apartaron de los escenarios las grandes orquestas y Madriguera se vio obligado a disolver su banda. Durante los años sesenta, en un intento por salir adelante regresó una temporada a Cataluña para ver si aquí recibía algún tipo de reconocimiento. Se estableció en el Maresme y entró en el estudio para grabar un disco con el título Madriguera plays Madriguera in Spain. Cansado de dar vueltas y viendo que en Cataluña y por extensión en España era menospreciado volvió a Estados Unidos donde editó el disco y pasó los últimos años de su vida. Al final de sus días recibió numerosos reconocimientos. Con anterioridad varios países de Latinoamérica le habían declarado "Embajador musical de las Américas".